El 17 de mayo es el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia (IDAHOTB). Les presentamos a cinco brillantes activistas del colectivo de personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) que causan sensación en la lucha por sus derechos.

Alessandra: “Vencer la transfobia también depende de un cambio en la actitud general de la gente”.

A Alessandra Ramos Makkeda le han dicho más de una vez: “Aquí no aceptamos a los de tu clase”. Alessandra es una mujer trans y activista LGBTI en Brasil, el país con el índice de asesinatos de personas trans más alto del mundo. Según una ONG local, a fecha 1 de mayo habían sido asesinadas en Brasil en 2018 64 personas trans. En 2017, el mundo quedó conmocionado con el vídeo de la tortura y asesinato de una mujer trans en Brasil que se hizo viral en Internet; los agresores fueron declarados culpables en abril de 2018. Este es el contexto en el que trabaja Alessandra como miembro de Transrevolução, grupo de Río que lucha contra la discriminación y promueve debates sobre temas que afectan a las personas lesbianas, gays y transgénero.

Traductora e intérprete de varios idiomas, incluida la lengua de signos, Alessandra también ayudó a organizar el primer Foro Nacional Trans Negro en Porto Alegre en 2015. “Tenemos que entender que la transfobia, los prejuicios y el odio son problemas estructurales”, dijo en 2017. “Pero vencer la transfobia también depende de un cambio en la actitud general de la gente”. A pesar de los obstáculos, Alessandra está decidida a seguir debilitando estas actitudes, confiando en un futuro mejor para las personas trans en Brasil.

“Diovi”: “Quería hacer campaña por otras personas que estaban escondidas como lo estuve yo una vez y decirles que no siguieran escondiéndose”.

“Diovi”, treinta y pico años, es una miembro activa de una organización dedicada específicamente a los derechos de las personas lesbianas, bisexuales y transgénero (LBT) en Togo. El grupo promueve también la libertad y la realización de las mujeres marginadas en este pequeño país de África occidental donde las relaciones homosexuales son delito. Con sólo 30 miembros activos, su organización surgió de una reunión informal de personas afines. “Al principio era una oportunidad de reunirnos como amigas y sentirnos más cómodas y ser como somos”, dice Diovi. “Poco a poco nos dimos cuenta de que ya existían organizaciones gays y que debíamos hacer lo mismo para nosotras, para poder defender nuestros derechos, hablar, conocernos mutuamente”.

Diovi se unió al grupo porque: “Me sentía sola en mi rincón. Ni siquiera podía admitir o decir que soy lo que soy. Siempre estaba escondiéndome. Incluso cuando conocía a alguien como yo que hablaba sobre temas LBT, hacía como si no me afectara.” Incorporarse al grupo LBT cambió su actitud. “Me motivó. Quería hacer campaña por otras personas que estaban escondidas como lo estuve yo una vez y decirles que no siguieran escondiéndose. Al fin y al cabo somos seres humanos y también tenemos derechos”.

Hartoyo: “Cuantos más grupos y personas LGBTI sean conscientes y luchen por sus derechos, más cerca estarán de la justicia”.

Perseguido una vez por la policía y la multitud en Aceh por su sexualidad, Hartoyo es ahora un activista comprometido que defiende a personas LGBTI condenadas a azotes con vara en esta provincia indonesia donde rige la ley islámica. Según las leyes islámicas introducidas en 2015, en Aceh las relaciones homosexuales son un delito punible con la flagelación pública con vara.

El viaje de Hartoyo comenzó en 2007, cuando fue detenido junto con su novio. “La policía me orinó en la cabeza y nos dio una paliza a los dos”, contó a la BBC en 2017. “Nos trataron como a animales”. Se prometió que nadie como él experimentaría la misma humillación y fundó Suara Kita (Nuestra voz) en 2009, una organización dedicada a los derechos LGBTI.

Pero incluso defender estos derechos es peligroso en un lugar como Aceh. Cuando una pareja gay fue flagelada con vara en 2017, la primera vez que se aplicaba esta pena en Aceh, Hartoyo viajó hasta allí para apoyarlos. “Visité Aceh para conocer a las víctimas y me persiguió un grupo de gente”, nos contó. “Tuve que ir de un hotel a otro por seguridad antes de conocer por fin a las víctimas y ayudar a aliviarlas”. Hartoyo continúa con su trabajo a pesar del riesgo. Este IDAHOTB 2018 hace un llamamiento: “Cuantos más grupos y personas LGBTI sean conscientes y luchen por sus derechos, más cerca estarán de la justicia.”

J: “Quiero que nuestra sociedad acepte la diversidad”.

J sabía que era lesbiana antes incluso de conocer la palabra. Ahora, con casi 30 años, se lo ha dicho a sus amistades más cercanas, pero no a su familia. No quiere que ésta y otras personas conocidas lo sepan. Su deseo de mantener en secreto su sexualidad frente a su familia es una reacción directa al clima hostil que persiste para las personas LGBTI en Corea del Sur. “Creo que el gobierno y la sociedad de Corea intenta borrarnos”, dice. “Los medios de comunicación usan a menudo ‘bromance’ (브로맨스) o ‘enamoramiento entre chicas’ (걸크러쉬) cuando hablan del amor o el afecto entre dos hombres o dos mujeres. No quieren reconocer la existencia de ‘gay’ o ‘lesbiana’”.

Para J, hay avances claros que el gobierno podría introducir para mejorar la vida de las personas LGBTI de Corea del Sur. “Quiero que nuestra sociedad acepte la diversidad”, dice. “Para crear esta cultura necesitamos impartir a escuelas y familias una educación respetuosa con la homosexualidad. Para impartir este tipo de educación necesitamos una ‘ley antidiscriminación’. También tenemos que legalizar el matrimonio homosexual”.

 Soldado: “Para mí, el IDAHOTB es un día de cálidas reuniones con activistas que luchan contra la transfobia y la homofobia los 365 días del año”.

Soldado Kowalisidi es un activista trans e intersexual que vive actualmente en Ucrania. En 2016 lo dejó todo y huyó de su casa en Siberia por la persecución que sufría como hombre trans en Rusia. Los ataques contra personas LGBTI en Rusia son habituales, y el secuestro y tortura de hombres gays en la República de Chechenia de la Federación Rusa es el ejemplo más reciente y terrible. La experiencia de Soldado no fue una excepción. “Cinco veces me dieron una paliza brutal en la calle grupos de ‘activistas’ respaldados por el Estado. En 2016, después de que el Servicio Federal de Seguridad se aseguró de que mi iniciativa trans y yo no podíamos hacer nada y de que mis agresores amenazaron con matarme, huí a un futuro incierto en Ucrania”.

Soldado continúa ahora su activismo en Ucrania, dedicando también tiempo a trabajar como voluntario para Amnistía. Conoció a su pareja, con quien se ha casado y ha fundado un hogar feliz. Pero el gobierno de Ucrania ha rechazado su solicitud de asilo y amenaza con devolverlo a Rusia, así que los problemas de Soldado no han terminado.

Aun así, sigue teniendo esperanza. Y quiere decir esto sobre el 17 de mayo: “Para mí, el IDAHOTB es un día de cálidas reuniones con activistas que luchan contra la transfobia y la homofobia los 365 días del año. Es una ocasión para amplificar las voces de los y las activistas que no tienen la oportunidad de hablar abiertamente ahora en los medios de comunicación”.