“La diversidad de las personas no es sólo sexual, es humana”, sostuvo Tania Esmeralda Rocha Sánchez, profesora e investigadora de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM. “Más allá de la genitalidad, implica identidades que podemos conocer, respetar y aceptar. Reconocer y respetar a las personas en sus múltiples identidades es sustancial para ser incluyentes y vencer los estereotipos rígidos y añejos que nos clasifican, según nuestros genitales, como mujeres u hombres”.

“Más que una condición meramente biológica, estos grupos atraviesan por el rechazo social y la marginación cultural. La diversidad siempre ha estado presente en el humanidad, pero no se reconoce”, afirmó Rocha, dos veces galardonada con la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos: en 2013 en Docencia y en 2017 en Investigación en Ciencias Sociales. En México faltan espacios para el colectivo LGBTTTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero, travestis e intersexuales)”.

La salud, según la definición de la OMS, es un estado de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedades. Además, las condiciones socioeconómicas y culturales son determinantes sociales de ese estado.

“Sobre la sexualidad humana, también acudiendo a la OMS”, la investigadora afirmó que “es un aspecto central de las personas, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los roles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relaciones interpersonales, abundó. “Conceptualizamos a la sexualidad dentro de un espacio rígido, y la vemos desde el temor ante la inquietud y ansiedad que genera”.

Por último, la investigadora invitó a desmantelar la idea de “concordancia” entre lo biológico y lo social.