“La discriminación, la homofobia y la cruzada emprendida por Rusia contra ‘las relaciones sexuales no tradicionales’ han contribuido a alimentar un inquietante aumento de la hostilidad contra los grupos que defienden los derechos humanos de las personas LGBTI en zonas de la ex Unión Soviética”, ese es el manifiesto de Amnistía Internacional en su nuevo informe “Less equal: LGBTI human rights defenders in Armenia, Belarus, Kazakhstan, and Kyrgyzstan”, hecho público a finales de diciembre.

La Organización señala el entorno cada vez más discriminatorio al que se han enfrentado en los últimos años los grupos que defienden los derechos de las personas LGBTI en cuatro antiguos Estados soviéticos, incluso dentro de la propia comunidad de derechos humanos.. En los cuatro países, las actitudes contra las personas LGBTI se han endurecido, en parte a consecuencia de las prácticas y la retórica represivas que emanan de Moscú.

“Los y las activistas LGBTI llevan mucho tiempo sufriendo discriminación, incluso entre otros grupos de derechos humanos. Ahora el alcance de la influencia rusa y de sus medios de comunicación han desempeñado un importante papel a la hora de deteriorar aún más la situación de los grupos LGBTI en la región. Su ataque en toda regla contra los derechos de las personas LGBTI ha envalentonado a otros gobiernos para poner en práctica políticas igualmente represivas y ha exacerbado las actitudes públicas negativas en estos países, incluso entre los grupos de derechos humanos ‘generales’”, indicó Denis Krivosheev, director adjunto de Amnistía Internacional para Europa y Asia Central.

“La idea, promovida por Rusia, de que los derechos de las personas LGBTI son un ‘valor occidental’ que en cierto modo amenaza la seguridad nacional se está afianzando en otros lugares. Es un clima de ignorancia y odio que está siendo fomentado por los gobiernos nacionales y que incluso infecta a la comunidad de derechos humanos de la región”.

La idea, promovida por Rusia, de que los derechos de las personas LGBTI son un ‘valor occidental’ que en cierto modo amenaza la seguridad nacional se está afianzando en otros lugares.

Represión de los derechos de las personas LGBTI

Los gobiernos de Armenia, Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán, los socios más estrechos de Rusia en la región, han emprendido una represión de los derechos del colectivo LGBTI en los últimos años.

Los cuatro países han intentado introducir leyes sobre la “propaganda” homófoba, similares a la existente en Rusia. Hasta el momento, sólo Bielorrusia la ha introducido, adoptando una variación de la ley rusa en 2016.

Un destacado activista LGBTI de Bielorrusia dijo a Amnistía Internacional que no podía continuar con su trabajo porque “el riesgo personal es demasiado grande”. Ya había perdido varios empleos a causa de su activismo, y había sido interrogado en numerosas ocasiones por la policía.

Es de destacar que la mayoría de las personas entrevistadas por Amnistía Internacional en los cuatro países deseaban permanecer en el anonimato a causa del temor por su seguridad o de otras posibles ramificaciones.

Por su parte, Armenia y Kirguistán reformaron sus constituciones en 2015 y 2016, respectivamente, para impedir de forma explícita el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Los grupos LGBTI de cada una de las antiguas repúblicas soviéticas se han enfrentado a numerosas tácticas represivas de los gobiernos para silenciar sus voces. Salvo contadas excepciones, las marchas del Orgullo Gay se prohíben sistemáticamente o se convierten en blanco de los ataques de grupos homófobos, mientras la policía a menudo elude prevenir e investigar de forma efectiva los delitos de odio.

La libertad de asociación está limitada para todos los activistas LGBTI y, aunque en Armenia y Kirguistán están inscritas unas cuantas ONG que trabajan sobre los derechos LGBTI, en Bielorrusia y Kazajistán sólo hay activistas individuales y grupos informales.

Marginados por la comunidad de derechos humanos

A consecuencia de la discriminación, los activistas y defensores y defensoras de los derechos humanos de las personas LGBTI han terminado incluso por sentirse “menos iguales” dentro de sus comunidades locales de derechos humanos, dominadas por grupos “generales” de derechos humanos que no trabajan principalmente sobre los derechos del colectivo LGBTI.

Para los grupos LGBTI de estos países, la falta de apoyo de la comunidad de derechos humanos en general es la principal fuente de desmoralización y frustración. Mikayel Danielyan, ex director de la Asociación de Helsinki, que por desgracia murió de un ataque cardiaco en agosto de 2016, fue uno de los primeros defensores de los derechos LGBTI en Armenia. Antes de su muerte recordó que algunos parlamentarios y otros defensores y defensoras de los derechos humanos se negaban a sentarse a la misma mesa que él durante los actos públicos.

Amnistía Internacional pide a los grupos de derechos humanos de toda la región que trabajen junto a las organizaciones que defienden los derechos de las personas LGBTI, unidos por el principio de la universalidad de los derechos humanos.