El Día de Muertos representa una de las expresiones culturales más antiguas en México y se conmemoran el reencuentro con sus muertos: Una herencia cultural que otorga identidad a un país único, rico en diversidad natural, ideológica y, por supuesto, cultural. Desde todos los rincones del planeta, nuestro país es reconocido por su colorido, ritos y festividades que cada año muestran al mundo lo vibrante de sus tradiciones sobre las que resaltan muchos aspectos propios de la demografía, la historia y la idiosincrasia.

Del Día de Muertos, una de las tradiciones más arraigadas, se desprenden diversas actividades gastronómicas, familiares y de representación que ilustran los rasgos prehispánicos con una herencia impresionante, todo ello como muestra de la riqueza cultural en México.

Esta festividad dedicada a los muertos, de acuerdo con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), se encuentra presente en más de 40 grupos indígenas, superando así los seis millones de personas que sostienen rituales asociados con esta celebración  y que desde 2003 es declarada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad  por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

El hechizo de colores por las ofrendas que son colocadas en las casas, los bocados dulces que incluyen el famoso pan de muerto, el encanto sencillo de las tradicionales calaveritas de chocolate y azúcar, son sólo algunos de los elementos que provocan inspiración profunda para quienes lo viven año con año o para quienes lo conocen por primera vez.

Según indica la Unesco: “Esta fusión entre ritos religiosos prehispánicos y fiestas católicas permite el acercamiento de dos universos, el de las creencias indígenas y el de una visión del mundo introducida por los europeos en el siglo XVI presente prácticamente en todos los rincones del país y con especial participación en los designados Pueblos Mágicos cuyas características únicas explotan esta tradición en México”.

Y como esta festividad representa uno de los ejemplos más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, se puede vivir muy de cerca en pueblos como Ixtapan de la Sal, donde sus coloridas fiestas y sus atributos simbólicos emanan magia a los visitantes que acuden para conocer las tradiciones, o bien para participar en ellas.

Una de estas tradiciones es conocida como Vela Nueva, la cual consiste en visitar las casas en donde recién falleció una persona, llevando una vela o veladora para acompañar a los familiares del fallecido, los que a su vez corresponden este gesto compartiendo alimentos preparados precisamente para esta ocasión: café, galletas, pan, arroz con leche, tamales, pollo con mole, etc. y donde se coloca una ofrenda o altar adornado con papel picado, alimentos y bebidas que le gustaban al difunto, así como objetos de su preferencia y su fotografía.

 Además, Vela Nueva también en un festival previo al Día de Muertos, en el cual se realizan diversas actividades culturales, como concursos de Catrinas, de Ofrendas, de Máscaras y participaciones de artistas y grupos de baile locales.

Esparcir pétalos de flores, colocar velas, ofrendas, siluetas de papel picado y preparar manjares rodeados de objetos artesanales es parte de la riqueza cultural que invita a conocerla de cerca, vivirla y disfrutarla.

Un espectáculo para los sentidos, con un profundo valor histórico y cultural es una pequeña parte de  la riqueza cultural que un país tan bello y noble puede ofrecer y donde la herencia radica en salvaguardar, proteger y promover estas tradiciones únicas.